15 de agosto de 2013

Es solo un sueño

Los amantes (Pintura al óleo)
Adela tenía, no sabía por qué, sueños premonitorios. No eran muy frecuentes, pero en cuanto la abordaban por la noche, sabía que se harían realidad porque al finalizar se despertaba con una opresión en el pecho y la certeza de que sucedería, y hasta ahora, siempre se habían cumplido.
El día 23 de enero Adela abrió los ojos en medio de la noche y supo que su pesadilla vendría a destrozar su vida. Se quedó mirando a David en la penumbra que había a causa de la radio despertador y sin poder evitarlo, las lágrimas inundaron su rostro.
En cuánto el sol asomó sus rayos la mañana siguiente, Adela se afanó en recoger sus cosas ante la mirada asombrada de David.
-¿Se puede saber qué te pasa? ¿Qué estás haciendo?

-Me voy. Estaré en casa de mis padres.
-Pero, ¿por qué?-David estaba angustiado sin entender nada de lo que estaba pasando.

Adela se quedó parada un momento, con un jersey en la mano, mirando a David. Lo amaba, hacía dos años que vivían juntos y llevaban tres de relación. Su vida era tranquila, feliz, la convivencia entre los dos solo estaba salpicada por esporádicas discusiones sin importancia. Y ahora, ese sueño, ese mal sueño.

-Me vas abandonar el martes.-le dijo Adela muy seria y segura. Este martes 27 de enero me abandonarás por otra mujer.
David no sabía si echarse a reír ante lo absurdo de sus acusaciones. Pero al ver la maleta a medio hacer no tuvo fuerzas para hacerlo.

-Sí, es lo más lógico. De repente me vuelvo loco y decido marcharme con otra mujer. Una que supongo que no conoceré, porque ya me dirás por que mujer iba yo abandonarte.-David tenía un deje afilado y sarcástico en la voz, pero por dentro temblaba sin acabar de creerse lo que estaba sucediendo.-Te amo, Adela. ¿Todavía lo dudas?

Adela negó suavemente con la cabeza, un torbellino se desataba en su interior, creía en él, pero sus sueños ya le habían demostrado que no podía esquivarlos, ni hacer nada para detener la premonición que le anunciaban.
-Lo he soñado, y son ese tipo de sueños que se cumplen.-le dijo ella en voz muy baja, casi un susurro.
David empezó a moverse intranquilo, sin poder creérselo.

-No, puedes estar hablando en serio.-le dijo con un hilo de voz, estaba empezando a enfadarse de verdad.

-Hay cosas que no sabes de mí. Que nunca te he contado porque eran demasiado dolorosas y además, tal como veo ahora, seguro que no las habrías creído. El último sueño que tuve de este tipo me anunció la violación y el asesinato de mi compañera de piso en la facultad. Intenté evitarlo, intenté persuadirla de que no saliera la noche en que iba a suceder, pero fue en vano, no me creyó. Esto es muy difícil para mí.-Adela comenzó a sollozar, no podía contenerse más.
David la abrazó, miró sus ojos y con ternura le dijo:

-Me dan igual tus sueños, sé que te amo y que eso no va a cambiar y mucho menos de la noche a la mañana. Quédate conmigo, créeme, mi corazón es solo tuyo.

Adela estaba apunto de ceder, su cuerpo y su corazón se lo pedían, pero su mente sabía la verdad, por muy inverosímil que pudiera parecer el martes él se enamoraría de otra mujer y la abandonaría.

-Me voy David, el martes por la noche, si no ha ocurrido nada, llámame, pero si mi sueño se cumple, no lo hagas, ya te llamaré yo cuando esté preparada, cuando pueda asimilar tanto dolor.

Y cerrando la maleta con la poca ropa que tenía dentro se apresuró a salir antes de que David hiciera flaquear su ya vacilante voluntad.

David se quedó solo. Sentimientos confusos se agitaban dentro de él. Sabía que no pasaría nada el martes, la cuestión era, ¿podrían llevar la misma vida después de todo esto? ¿Podría volver a amar sin reservas a Adela después de estas dudas absurdas, de haber desconfiado de él de esta manera?
Los días siguientes fueron angustiantes, solitarios, tristes. El hueco que Adela dejó en la cama era un precipicio que le invitaba a caer en una desesperación dolorosa, no podía dormir bien, su estómago estaba revuelto, su pecho estaba oprimido, no entendía nada. Lo único que quería era que el martes llegara con rapidez y todo esto quedara atrás, pero también le daba miedo. La relación entre él y Adela tenía una grieta y no sabía si alguna vez volvería a cerrarse del todo.
El martes llegó al fin, después de días silenciosos y asfixiantes. David miró el calendario y un escalofrío extraño subió por su espalda, era un día fatídico, un día que pasara lo que pasara nunca olvidaría.
A las doce de la mañana, mientras David estaba trabajando, recibió un mensaje de su amigo Juan. Después de dos años sin aparecer por la ciudad regresaba al fin a pasar unos días y quería saber si después del trabajo podría quedar a tomar algo con él y con Adela, tenía alguien especial e importante que presentarles. Quedaron pues para verse, aunque David le comentó que Adela no podría ir sin entrar en más explicaciones.
A las siete en punto David entró en el bar donde había quedado con Juan, se abrazaron con efusividad y seguidamente Juan le presentó a Julia, su actual pareja. David la miró y depositó un cordial beso en su mejilla, mientras lo hacía, un escalofrío inoportuno recorrió su cuerpo, un cosquilleo tenue acarició su nuca, cuando se separó de ella fijó sus ojos en los enormes ojos azules de Julia y sintió como una parte suya que no conocía se precipitaba a su turbulento mar, ahogándose en su interior. Julia no podía separar sus ojos de David, estaba desconcertada por la sensación que le producía su contacto, como si se conocieran desde hace tiempo y volvieran a encontrarse, como si en realidad estuviera toda la vida buscándole y ahora, por fin y por casualidad, le hubiese encontrado. Después de un momento de silencio incómodo y tenso, Juan les invitó a sentarse y se ofreció a pedir una consumición para David en la barra.

-¿Quién eres en realidad y dónde te habías metido todo este tiempo?-le dijo David a Julia y en ese instante se sintió absurdo y se arrepintió de sus palabras.

Juan regresó a su sitio y comenzaron a hablar de como habían sido sus vidas hasta ese momento, se notaba que estaba nervioso presintiendo algo que no podía explicar. Le preguntó preocupado varias veces por Adela dándose cuenta de las respuestas evasivas que David le daba. Más de una vez y dos, o tres, sorprendía a Julia lanzándole unas miradas llenas de ternura y ansiedad a David que no podía comprender. Pero, ¿qué está sucediendo aquí?, se preguntaba.
Juan se levantó para ir el baño y mientras se alejaba hacia el aseo se dio la vuelta y los vio, estaban hablando, con las cabezas bastante juntas, mirándose con la complicidad de dos amantes veteranos, ¿acaso ya se conocían y él no lo sabía?, era imposible. Cuando salió del baño Juan les encontró besándose con descaro, sin ningún pudor, ajenos al mundo que les rodeaba, rodeados de una burbuja, totalmente abandonados el uno en el otro, destrozándole la vida sin parecer importarles.
Cuando en un momento de lucidez David se separó de Julia vio como Juan se marchaba del bar dejando su chaqueta en el respaldo de la silla, y la inmensa felicidad y arrobo que estaba sintiendo se diluyó al pensar en él y en Adela.

-¿Y ahora que hacemos Julia?-Le dijo tristemente.

Julia bajó la cabeza sin saber que responder, todo había ocurrido tan deprisa y de una forma tan absurda que no lo podía controlar, se dejó llevar por sus intensos sentimientos como en un sueño, nunca había sentido de esa forma y su juicio se había nublado.

Esa noche David no llamó a Adela que esperaba equivocarse y que sonara el teléfono para escuchar sus reproches. Su corazón no podía soportar tanto dolor. Su interior quemaba y no había nada que pudiera suavizar la abrasadora sensación de la traición. Su madre, mirándola con ternura le ofreció el elixir contra el desamor, una receta que había pasado de generación en generación hecha con cacao y lágrimas. A la mañana siguiente Adela había olvidado su sueño y sobre todo, había olvidado a David.

Puedes hacerte seguidor/a del blog de Patricia aquí: losrelatosdepatri: leyendo y escribiendo

También puedes seguir a Patricia en Twitter @Yavanha y en Facebook.

Si te ha gustado el relato, o quieres comentar algo, te animo a que dejes un comentario.

4 comentarios :

  1. Me ha gustado mucho este relato, aunque me dejó con cierta tristeza en el corazón. No me puedo imaginar el dolor que sintió Adela y la fuerza que necesitó para irse y dejar a David solo sabiendo exactamente lo que iba a pasar. Pero la vida es así, siempre pasa lo que debe pasar.
    Un gusto leeros!

    ResponderEliminar
  2. Esa receta resolvería muchos males de corazón, pero no quisieron desvelármela.

    ResponderEliminar