19 de junio de 2015

El Quijote en latín macarrónico



El Quijote en latín macarrónico, Ignacio Calvo



Si alguno de vosotros es lector habitual de este blog, os habréis fijado que llevo un mes muy flojo en cuanto a entradas publicadas. La explicación es que llevo dos semanas revisando y leyendo unas revistas que han caído en mis manos. Las publicaciones son un poco lo peor, ya que todo el material es de corte franquista y religioso (son 50 revistas antiguas comprendidas entre 1939 y 1951), pero para mi están resultando fascinantes, porque estoy siendo testigo privilegiado de como le comían la cabeza y adoctrinaban a nuestros queridísimos abuelos (a los que pudieron estudiar). El caso es que pese a la estrechez de miras de este tipo de publicaciones, también se encuentran datos, artículos y secciones curiosas. Uno de esos artículos, el de El Quijote en latín macarrónico, me ha llamado tanto la atención que he pensado en dedicarle una entrada y así compartirlo con vosotros. A ver si os gusta.


El Quijote en latín macarrónico

El Quijote es uno de los libros más traducidos de todos los tiempos. Según el enlace que he consultado consta de 48 traducciones. Dentro de esos idiomas están los más comunes y utilizados del planeta, pero también otros más minoritarios o curiosos (como es el Braille). La lista completa la podéis ver en este enlace del Instituto Cervantes.

Además de estos 48 idiomas oficiales, existe otra traducción en un idioma muy molón: el latin macarrónico. Este idioma no oficial, vendría a ser algo parecido al Espanglish, aunque más bien es una deformación del latín. Cito lo que pone en la Wikipedia y así lo entendéis mejor:  latín muy poco académico desde el punto de vista gramatical, ortográfico, etc., o en un latín con un vocabulario de origen moderno latinizado. En general, se utiliza por ignorancia o con finalidad humorística.

Esta rareza me ha parecido tan digna de mención, que he pensado en que estaría bien darle un poco de relevancia al autor de semejante disparate: el escritor Ignacio Calvo (1864/1930).

Ignacio Calvo es un seminarista pobre, listo y becario, que siempre anda metido en líos y gamberradas. Ante la actitud distraída de nuestro héroe, las instituciones académicas se reunen para ver que hacen con él, y deciden quitarle la beca. La perdida de la beca para Ignacio es el mayor desastre que le puede pasar, e intenta un último ardid para conmutar su pena. Se dirige al Director del seminario y le implora, le suplica con lágrimas en los ojos, una última oportunidad. El Director se ablanda un poco y le dice que si le traduce una obra clásica al latín lo readmite en el centro. El Director ha puteado bien a Ignacio, pero el espíritu vivo y transgresor de Calvo le va a dar la sorpresa de su vida. La obra escogida por el seminarista fue El Quijote.


CAPITULUM PRIMERUM

In isto capítulo tratatur de qua casta pajarorum erat dóminus Quijotus et de cosis in quibus matabat tempus.

In uno lugare manchego, pro cujus nómine non volo calentare cascos, vivebat facit paucum tempus, quidam fidalgus de his qui habent lanzam in astillerum, adargam antiquam, rocinum flacum et perrum galgum, qui currebat sicut ánima quae llevatur a diábolo. Manducatoria sua consistebat in unam ollam cum pizca más ex vaca quam ex carnero, et in unum ágilis-mógilis qui llamabatur salpiconem, qui erat cena ordinaria, exceptis diebus de viernes quae cambiabatur in lentéjibus et diebus dominguis in quibus talis homo chupabatur unum palominum.

Ignatium Calvum, Historia domini Quijoti Manchegui, I, cap. I.

Texto original:

Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha.

En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme, vivía no hace mucho tiempo una hidalgo de los de lanza en astillero, escudo antiguo, rocín flaco y galgo corredor. En su casa se comía más vaca que carnero, duelos y quebrantos los sábados, lentejas los viernes y algún palomino los domingos.


Ignacio no está del todo satisfecho con su traducción, pero cree que puede colarsela al Director. El sigue dale que te pego traduciendo el primer capitulo hasta que llega a un punto en que no hay manera de verterlo al latín, por no entenderlo ni en castellano:

...la razón de la sinrazón que a mi razón se hace, de tal manera mi razón enflaquece, que con razón me quejo de la vuestra fermosura...

Ignacio Calvo lo traduce así:

...non est dicendum, tremendum baturrillum formatum in suo calletre, qui quidem, magis quam cerebrum humanum, videbatur espuertam gatorum pequeñorum...

Aun así Calvo continua capitulo tras capitulo con su inverosímil e innovadora traducción. A los pocos días se presenta el Director y le dice que quiere leer lo que lleva traducido. Ignacio le da el primer borrador de lo que lleva escrito y el académico se dispone a leerlo. A los pocos minutos de comenzar la lectura, al Director le da un ataque de risa incontrolable. Ignacio se pone pálido, cree que el Director lo va a expulsar inmediatamente, cuando de repente el Director le dice: SUFFICIT, CALVE, jam habes garbanzum aseguratum. La alegría de Calvo fue mayúscula, indescriptible. No era para menos... ¡¡GARBANZUM ASEGURATUM!! 


Ignacio había superado la prueba, pero ya que estaba decidió concluir la primera parte de El Quijote y el resultado final fue una obra divertida que respeta al máximo el original. Si te interesa saber más de este libro o hacerte con un ejemplar, aquí he visto que lo tiene.

Aunque parezca mentira, esta es la historia de la gestación de El Quijote en latín macarrónico. Por si acaso mi fuente era inexacta (Revista Brisas Levantinas, mayo de 1950 nº1), busque en la web a Ignacio Calvo y confirme punto por punto la increíble y peculiar génesis de esta traducción.



¿Conocías esta versión de El Quijote?
¿Qué te ha parecido el latín macarrónico)




3 comentarios :

  1. jaja Qué historia más graciosa, tanto como la traducción. ¡No pensaba que fuera tan fácil entender el latín!

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  2. ¡Que interesante!.Un amigo escritor, mimo y artista plástico, utiliza un lenguaje macarrónico en su creación desde hace muchos años. Pero no con la misma variante que presenta esta traducción del Quijote.

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  3. Me lo prestó mi padre cuando yo llevaba un año estudiando Latín en el instituto y aún recuerdo las risas que me eché leyéndolo. Recuerdo que su ejemplar tenía un precio para amigos y otro para enemigos, ¡y era más barato para enemigos!

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