19 de septiembre de 2013

Amante melódica


Todo comenzó el día en que Ruth le dejó, Mario estaba allí, confuso y aturdido, mientras observaba como se alejaba aquella bruja de piernas largas y corazón de hielo. A partir de aquel momento tuvo que lidiar con una soledad absurda después de cinco años de relación. Se dio cuenta de que ya no podía dar rienda suelta a esa pasión que se iba amontonando dentro de él y que hacía que los nervios le comieran por dentro. Fue así como volvió a pensar en ella, la había abandonado en casa de sus padres y se sintió culpable. Tanto tiempo sin dedicarle su tiempo, sin arrancar notas que jugaran con sus oídos. Volvió a rescatarla y desde entonces no se separó de ella. Calmó todos esos sentimientos que le empujaban los órganos internos y que no le dejaban en paz. Vertió en ella sus frustraciones convertidas en melódicas protestas contra el amor. La tomaba en sus brazos, con sus perfectas curvas y las cuerdas a las que acariciaba con dulzura como cabellos sedosos de una delicada amante.
Se sentaba en la calle y evadiéndose de todo creaba un mundo musical alrededor, la gente le escuchaba embelesada, le dejaban monedillas que él iba ahorrando con el fin de grabar una maqueta. Un día, un hermoso día de primavera, sintió como a su música se unía la voz más dulce y perfecta que había oído nunca, clara como el cielo en un día verano, limpia como una gota de lluvia. Se enroscó a las notas emitidas por la guitarra, sonaban como si hubieran ensayado durante años juntos. Cuando levantó la vista vio a una bonita mujer, de cabellos oscuros y largos, que la ligera brisa despeinaba, sus ojos eran como dos océanos en su rostro. La letra que estaba cantando era una asombrosa interpretación de los sentimientos que habían inspirado la música. Empezó a creer que todo aquello lo estaba imaginando, que había alcanzado un extraño trance. Pero al terminar, la gente que le rodeaba aplaudió como nunca lo había hecho y se acercó a felicitarlos. Ella reaccionada con toda naturalidad. De repente le miró y le dijo:
-Bueno, ¿te vienes a tomar algo conmigo?
Él la siguió como en un sueño, se sentaron en la mesa de una cafetería, con ambos cafés humeantes delante, Mario la miraba de hito en hito, sin saber qué decir, ni qué hacer.
-Te he estado observando todo este tiempo.-le dijo.-y creo que va siendo hora de que inviertas parte de tu pasión en otra persona.- Sonrió segura de sí misma.
Mario estaba boquiabierto, era lo más extraño que le había sucedido nunca.
-No me mires así, no soy como ella. Vente conmigo.
Le tendió la mano, que él cogió como hipnotizado y la siguió dócilmente hasta el fin de sus días.



Amante melódica es un relato de Patricia Mariño.


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