23 de noviembre de 2013

Los asesinatos de Nocturna

Luna de Nocturna
Hubo dos extraños acontecimientos en la pequeña ciudad de Nocturna que nadie relacionó.
El primero se trataba de una serie de macabros asesinatos de mujeres, sobre todo de prostitutas, que aparecían con una herida en el cuello y totalmente desangradas.
El segundo era la aparición en la noches de la ciudad de un curioso personaje como salido de otra época, lucía una larga y poblada melena ondulada y oscura, su rostro era pálido, con ojos negros, nariz rectilínea y boca pequeña. Solía vestir trajes con levita y acomodar sobre su cabeza un sombrero de copa. Sus modales eran exquisitos, la gente sólo veía en él un enamorado de otros tiempos, nunca entraba en las provocaciones de quienes intentaban mofarse de él y era todo tranquilidad y educación.
Los lectores probablemente estén imaginando que dicho personaje sea un vampiro, pero en esto están parcialmente equivocados. Enrique, que así se llama, es un joven que se ha perdido en sus propia imaginación, hace unos años que se ha convencido a sí mismo de que es un demonio de la noche. Durante el día no sale de la oscuridad de su casa, por la noche se pone uno de sus trajes, propiedad de sus antepasados y sale a vagar por la ciudad. No le gusta la violencia, y sólo la usa a la hora de alimentarse. Su alimento predilecto son las mujeres que se venden por considerarlas despreciables y poco útiles para la humanidad, algunas se venden por dinero y otras por copas, regalos, cenas, droga, … A todas ellas seduce con facilidad, sienten curiosidad y además imaginan que es un hombre rico con gustos estrafalarios. Su forma de darles muerte, ya que carece de unos colmillos afilados y sería dificultoso y atroz, es una pequeña daga afilada que lleva atada y escondida en su muñeca.
Sus noches son rutinarias y solitarias, desprecia a los hombres, desprecia a las mujeres, nadie le interesa, se siente al borde de una caída más profunda en la locura, una caída peligrosa.
Una noche, después de alimentarse, paseaba por un parque solitario, la luna estaba muy hermosa, parecía casi rojiza y estaba llena. De repente se detiene en su paseo al ver una muchacha sentada en un banco. Es una pobre indigente, se acerca más y queda perturbado por una belleza pura y extraña. Su mirada no se dirige a ningún punto en concreto, parece tan desvalida, tan frágil, tan inocente,… Se acerca a ella, se sienta a su lado, y ella se gira pero sin enfocar su mirada en él, echa los brazos hacia delante mientras susurra:
-¿Quien está ahí?
Enrique queda asombrado, la pobre chiquilla, es ciega. La mira atentamente, cada vez su corazón está más conmovido, sueña con abrazarla.
-Me llamo Enrique y no tienes nada que temer. Conmigo estás a salvo, nada te pasará.
Su voz es tan suave y dulce que ella se queda tranquila y deja que sostenga su mano con toda naturalidad.
-Mañana volveré y te haré un regalo.
-No necesito nada señor, si me acompaña y me protege es suficiente. Me siento muy sola.
Enrique cada vez está más conmovido. La besa en la mejilla y desaparece en la noche.
Durante todo el día siguiente, tumbado en la oscuridad de su cuarto, Enrique no puede dejar de pensar en la chiquilla. Que distinta sería su vida con alguien así a su lado. Se pone a pensar que lo más adecuado será convertirla para que comparta su vida con él. Quizá incluso con el poder de su sangre le devuelva la vista, ese sería el regalo perfecto.
Cuando llega la noche, Enrique se acicala como siempre y sale a buscar alimento, no puede hacer una conversión hambriento o la desangraría. Será su última caza en solitario, después tendrá una aprendiz que siga sus pasos.
Cuando termina su cacería se aproxima impaciente al banco de la noche anterior, y allí está ella, tan frágil y hermosa.
-Hola ya estoy aquí, soy Enrique.
La joven sonríe.
-Gracias por venir.
Enrique la toma de la mano.
-Te voy a hacer el mayor regalo que nadie podría hacerte, te devolveré la vista.
-¿Y cómo podrías hacer algo así?
- Tú sólo confía en mí.
Enrique saca su daga y practica una incisión en su cuello, luego aplica su boca y empieza a beber. La muchacha no entiende nada y está asustada, pero calla porque él le dijo que confiara en él. Aún así llora en silencio. Después de beber, Enrique hace una incisión en su propia muñeca y se la da a ella.
-Bebe, confía en mí.
Ella comienza a beber y nota el sabor de la sangre.
-No, no quiero.
Enrique aplica su boca a su muñeca y la llena de su propia sangre y después besando a la muchacha introduce la sangre en su boca.
Amanece en la ciudad de Nocturna, y enseguida se empieza a pasar la buena nueva de boca en boca, ha aparecido el asesino, estaba muerto y desangrado al lado de una de sus víctimas. Y por curioso que parezca es aquel joven pacífico y estrafalario que parecía tan inofensivo. Fueron encontrados por un ciudadano que salió a hacer footing temprano y cuentan que quedó extrañado por la forma en la que los dos cuerpos se hallaban abrazados, impropio de un asesino y su víctima.


Los asesinatos de Nocturna es un relato de Patricia Mariño.


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