23 de julio de 2013

Bicicletas y libros: una simbiosis perfecta


Un cuadro del artista bielorusso Oleg Tchoubakov



Dicen que una de las cosas que no se olvida en la vida es la de montar en bici. Es un hecho innegable, que cada día se ven circular más bicicletas por nuestro pueblos y ciudades. El auge que ha experimentado la afición a dar pedaladas abarca a todo tipo de personas, niños, jóvenes, adultos... unos la utilizan por diversión, para pasear, otros como medio de transporte o válvula de escape. ¿No os recuerda mucho, a las mismas sensaciones que producen los libros? Una bicicleta, al igual que un libro no deja de ser un objeto, pero cuantas más pedaladas das y más hojas pasas, la sensaciones que nos transmiten estos dos grandes inventos son más satisfactorias. Así pues, hoy os traigo una recopilación en la que los libros y las bicicletas forman una unión perfecta, y lo voy a sazonar todo con unos cuantos ejemplos de libros y autores que voy a relacionar con las figuras y sitios emblemáticos de las grandes vueltas . Espero que os guste. 





Bicicletas y libros. Una simbiosis perfecta. 


Litera-Tour © Hartmut R. BERLINICKE (Artista, Alemania)

Las uvas de la ira, de Steinbeck, podría ser un final en montaña, por ejemplo la ascensión al Tourmalet. Un libro enorme para una de la etapas más exigentes y emblemáticas de la ronda gala. 


Lectores en bicicleta

Los relatos de Borges, podrían ser una etapa contrarreloj. Es un autor que en pocas páginas consigue mantenernos en tensión y que nos hace degustar cada palabra.


Triciclo en Chicago, IL, EE.UU
Margaret Mitchell, la autora de Lo que el viento se llevó, podría ser Stephen Roche. El irlandés se llevo en un mismo año Giro, Tour y Vuelta, y luego poco más se supo de él. Lo mismo sucedió con la americana, que después de su épica novela dejó de escribir.


Libros en una bicicleta

John Kennedy Toole, padecía una terrible depresión y se quito la vida. No llego a ver nunca como la publicación de su extraordinaria La conjura de los necios, era aclamada por el publico y la critica especializada al unisono. Otro genio que corrió la misma suerte, pero en este caso de la carretera, fue el ciclista español Luis Ocaña, ganador del Tour de Francia (1973).


Sujetalibros para amantes de las dos ruedas


Si hablamos de etapas llanas, sencillas y sin ningún peligro aparente, podríamos hablar también de la literatura más "light". Un buen exponente de este tipo de etapas, trasladándolo al mundo de las carreras ciclistas, seria sin lugar a dudas Ken Follett. El galés escribe bien, sin complicarse y para todos los públicos.


Festival del libro en la Universidad de Essex, Colchester, Inglaterra


Dentro de las grandes vueltas también hay sitio para las especialidades. Una de las que a mi más me atrae es la contrarreloj por equipos. Un buen ejemplo sería Oscurece en Edimburgo, un libro escrito por siete personas distintas pero siguiendo la misma historia. En la contrarreloj por equipos, se toma el tiempo del quinto corredor en llegar a la meta, con lo que se hace imprescindible y necesario la colaboración. Pues bien, en Oscurece en Edimburgo podemos tomar el tiempo del séptimo autor sin ningún problema, porque todos entran al mismo tiempo en la meta y apenas se diferencian.

Ilustración de André de Loba

Sin que se me enfade nadie, Alejandro Dumas podría ser el Lance Armstrong de la literatura. El francés es uno de mis autores favoritos, pero siempre he leído que se servía de un ejercito de "negros" para sus novelas. Cosa que debe ser así, porque con su extensa producción literaria, o tiró de ayudas o fue el primer "friki" del siglo XIX. Lo de Armstrong es mucho peor, pues siendo una de las figuras más destacadas del deporte mundial, nos engaño a todos y dejó al ciclismo tocado de muerte.


Estantería para libros y bicicletas

No podía faltar en este bici repaso literario el mejor corredor (con permiso de Eddy Mercx) de todos los tiempos: el extraordinario Miguel Indurain. En la literatura ese galardón yo se lo doy a García Márquez, por que del mismo modo que Indurain gano cinco tours seguidos, el colombiano tiene al menos cuatro libros sobresalientes: Cien años de Soledad, Crónica de una muerte anunciada, El coronel no tiene quien le escriba y "El amor en los tiempos del cólera.



Ahora si que me despido de todos vosotros, pero antes dejadme que os ponga una cita de Sir Arthur Conan Doyle:


"Cuando el día se vuelva oscuro, cuando el trabajo parezca monótono, cuando resulte difícil conservar la esperanza, simplemente sube a una bicicleta y date un paseo por la carretera, sin pensar en nada más".




8 comentarios :

  1. ¡Felicidades David!
    Como he comentado en el Blog de La Esfera, esta vez te has superado. Es un artículo muy original y muy trabajado. ¡Qué difícil nos lo pones a la competencia, jajaja!

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  2. Muy original el artículo y me gusta tu selección literaria.
    Saludos desde una muy fría Buenos Aires

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  3. ¡Buenísimas las relaciones que haces! Definitivamente muy original esta entrada, un gusto leerte.

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  4. Me alegra que os haya gustado. Al principio el enfoque iba a ser otro, pero soy aficionado al ciclismo y pensé que estaría bien inventarme esos paralelismos.
    Saludos a todos.

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  5. Me ha gustado mucho esta entrada, soy una fanática de los libros, y aunque no soy muy aficionada a la bicicleta reconozco que me ha gustado mucho la comparación, hasta me están entrando ganas de quitarle el polvo a mi vieja bici.Un saludo ;-)

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  6. Acabo de ver esta entrada. Genial totalmente y me identifico con ella. Soy ciclista urbana y ávida lectora de modo que aplaudo esta iniciativa.

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  7. Genial, David :-) Llevo muchos años siguiendo el ciclismo por mi chico y Lo veo, lo veo. Me han encantado la entrada y esas fantásticas fotos que lo ilustran. Gracias por el buen rato.

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  8. Que bueno David! Recordaba a H. G. Wells cuando dijo: "Cada vez que veo a un adulto en bicicleta dejo de desesperarme por el destino de la raza humana" Un gran abrazo de este ciclista sudamericano!

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