19 de septiembre de 2013

Amante melódica


Todo comenzó el día en que Ruth le dejó, Mario estaba allí, confuso y aturdido, mientras observaba como se alejaba aquella bruja de piernas largas y corazón de hielo. A partir de aquel momento tuvo que lidiar con una soledad absurda después de cinco años de relación. Se dio cuenta de que ya no podía dar rienda suelta a esa pasión que se iba amontonando dentro de él y que hacía que los nervios le comieran por dentro. Fue así como volvió a pensar en ella, la había abandonado en casa de sus padres y se sintió culpable. Tanto tiempo sin dedicarle su tiempo, sin arrancar notas que jugaran con sus oídos. Volvió a rescatarla y desde entonces no se separó de ella. Calmó todos esos sentimientos que le empujaban los órganos internos y que no le dejaban en paz. Vertió en ella sus frustraciones convertidas en melódicas protestas contra el amor. La tomaba en sus brazos, con sus perfectas curvas y las cuerdas a las que acariciaba con dulzura como cabellos sedosos de una delicada amante.