11 de octubre de 2013

La vecina del tercero

Mujer con lo labios pintados de rojo
Ella era una mujer hermosa, pero para mi gusto demasiado azucarada, vistosa y en ocasiones hasta vulgar, a pesar de eso, mi vecina, hacía que sintiera una curiosidad demasiado intensa hacia ella. Aparecía siempre acompañada de un hombre diferente riendo de forma escandalosa por la escalera, enfundada en vestidos que parecían salir de otra época, con peinados imposibles y maquillajes de colores vivos. Cuando nos encontrábamos apenas me miraba y parecía andar con un vaivén de caderas estudiado y una mueca artificial en su bonito rostro. A veces me gustaría reírme de ella, pero no podía, sentía una especie de magnetismo absurdo, pues no era en absoluto mi tipo y algo en el aire que la envolvía me hacía sentir una especie de tristeza al verla.
Una tarde de primavera, en la que llovía torrencialmente, mi vecina irrumpió en el portal de forma brusca, yo estaba cogiendo mi correo y la vi, cerrando la puerta de golpe y apoyándose sin aliento en ella, estaba empapada, el maquillaje corrido en su rostro, con el peinado deshecho y gotas de lluvia cayendo por doquier hasta el suelo. Su mirada se clavaba en el suelo libre de cualquier artificiosidad, su boca estaba entreabierta respirando agitadamente. Nunca había estado tan hermosa.
-¿Podría ayudarle en algo señorita?.
Ella se estremeció, no se había percatado de mi presencia. Por un breve instante intentó armar una de sus