7 de noviembre de 2013

Amor canino

Una monada de perro
Tenía los ojos derretidos de sueño. Sus manos prodigaban caricias aceradas y marchitas. Su perro se encogía con cada una de ellas lamentando la brusquedad de su ama, parecía preguntarse “¿qué puede pasarle?”.
De pronto se levantó. Se dirigió hacia el teléfono y marcó un número con decisión. Pasó un tiempo hablando mientras unos ojos caninos llenos de devoción y dulzura observaban cada uno de sus movimientos.
-Pero, ¿por qué?.-e irrumpió en profundos sollozos.
En un visto y no visto ya estaba detrás de su dueña, lamiendo sus pantorrillas e intentando consolarla. Ella abrumada y deshecha colgó el teléfono. Se sentó despacio en el suelo y abrazó a su fiel amigo. Permaneció largo rato con su cara enterrada en su tibio y suave pelo. Los dos quietos y en silencio unidos en la pena y la tristeza.
-Ojalá él me quisiera la mitad de lo que tú me quieres.-le dijo sujetando su cabeza y mirando fijamente a sus limpios y sinceros ojos.
Él dejó escapar un gimoteo lastimero y lamió su cara, secando sus lágrimas y afanándose para consolarla. Después se fue corriendo. Ella se quedó mirando extrañada hasta que le vio aparecer con su correa en la boca. Se la entregó y se dirigió a la puerta, mirando cada momento hacia atrás para verificar si le estaba siguiendo. Parecía quererle decir: “Olvídale. Salgamos a pasear. A correr por el parque. Mientras el viento te da en la cara y se lleva los recuerdos dolorosos”.

Amor canino es un relato de Patricia Mariño.

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