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26 de julio de 2013

Los sueños de Alejandra

 'Habitación de hotel', Edward Hopper

Alejandra nació un diez de enero blanco y helado. Y así fue ella hasta el día de su muerte, de tez blanca inmaculada y piel fría como el hielo. Algunos de sus amantes le decían que deberían haberla llamado Nieve, después de afanarse en estrategias acrobáticas para dar algo de calor a su cuerpo. Pero el calor es algo relativo, a veces sale de dentro, y Alejandra no lo sintió hasta un día de primavera cuando apareció Rafael en su vida. Pero eso ocurrió mucho después de lo que nos ocupa ahora.
Alejandra cuando tenía dieciocho años hizo la maleta y se fue de su pueblo para buscar la vida. Había una especie de coraza en su hogar que hacía que allí, la muy ladina no se acercara, y ella ya estaba aburrida de ver pasar los años sin emoción y chispa. Sentada en las escaleras de su casa solía tejer fantasías, pero al cabo de los años se quedaron pequeñas ante sus anhelos e impulsos. Alejandra llegó a una ciudad y con parte del dinero que había ido ahorrando como una hormiguita, alquiló un piso, pequeño, en una calle de la periferia. Allí saltó de alegría y a sus anchas se emborrachó y fumó por primera vez en su vida, lejos de los tentáculos observadores de sus severos padres.