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22 de agosto de 2013

No nací mariposa


Hoy, es un día especial. Pero él, no sabe nada. Ni le importa. Sólo le interesa que limpie y guise. Que le reciba dispuesta. Que no me resista mientras me embiste con fuerza. Que cierre los ojos y aguante complaciente, sin quejarme, aunque sienta que me rompo por dentro. Le odio. Es un cerdo. Siento su piel sudada. El olor agrio que despide su cuerpo. El sabor de su boca me da arcadas. Pero soy suya. Ante Dios y ante los hombres, por voluntad de mis padres, desde hace dos años. Salgo a tender la ropa. El aire fresco de principios de primavera me acaricia el pelo. Y yo, sólo quiero volar. Escapar muy lejos. Sin pensarlo, me echo a correr. La risa se escapa de mi boca, nerviosa, histérica. Me vuelvo loca. Me tiro al suelo. Arranco hierbas en mi arrebato. Y río para no llorar. Río, para espantar las nubes oscuras que me acechan. Y la veo, tan hermosa. Con sus alas extendidas al sol. Tan libre. Tan dichosa. Y la envidio. La atrapo entre mis manos y la siento aletear. Quiere volar. Alejarse de mí. Y la aplasto. Sintiendo como su vida escapa entre mis dedos. Ya no vive. Ya no sufre.