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| Niño de espaldas, de Antonio Maya |
-Así es cielo, los fantasmas no existen. Ahora cierra los ojos y sueña cosas bonitas.- dijo Alfonso besando la frente de su hija.
Dirigió despacio los pasos hasta su cama y satisfecho se arropó entre las mantas abrazando a su mujer que yacía dormida profundamente. El tic tac del reloj resonaba en la habitación. Le estaba costando volver a coger el sueño. De repente, escuchó otra vez un fuerte chillido de su pequeña. Esta vez era más desesperado y desgarrado. Se levantó con rapidez y corrió con todas fuerzas por el pasillo, abrió la puerta de su cuarto y encendió la luz. Lo que vió le dejó helado. En el techo de la habitación había una figura humana que sobresalía un poco y sus brazos tenían fuertemente agarrados a su dulce niña. Se fijó en el rostro de esa figura pálida y demacrada y rápidamente le reconoció…
